Una sierra se le llevó sus dedos

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Muchas veces pensó que producto del percance podía alejarse de su pasión, que es trabajar la madera.

El maestro Santiago Giraldo Cedeño, de 66 años, es un ebanista apasionado. A los siete años de edad sus padres lo enviaron a ayudar a un artesano en su taller, y poco a poco fue aprendiendo, al punto que se abrazó de la profesión y la hizo suya para siempre.
Prefiere construir desde cero a reparar. Lo encontramos en su taller contemplando un piano muy antiguo. Tiene que modificarle todo lo relacionado a sus bases y divisiones internas.
No sabe para cuándo estará, ya que le dedica un tiempo prudente porque no se quiere estresar, y que su estado se refleje en estado final de la obra.
“Afinar le corresponderá a otra persona”, sostuvo.
Versión.   Señaló que el 2 de diciembre de 1984 es una fecha que no olvidará jamás. Ese día comenzó a trabajar a las 08h00 y cuarenta minutos después se vio inmerso en un accidente laboral que lo llevó a perder dos dedos de la mano izquierda, y luego de 18 días la parte del dedo medio que le quedó.
Expresó que se encontraba arreglando madera para destinarla a su trabajo. 
El taller se encontraba en la calle Cristo Rey.
En compañía de otra persona mejoraban maderos de cuatro metros. 
La cepillaban, seleccionaban y apilaban de acuerdo a varias medidas.
Había una técnica especial que consistía en tomar la madera con firmeza y llevarla por la telera (pieza ajustable para da el grosor de la tabla).
La madera era tomada de inicio a final para que la sierra haga su trabajo. No debía existir balanceo alguno, ya que la madera tenía que salir con el mismo nivel.
Advertencia. Giraldo, en esos tiempos de 33 años, llamó la atención a su compañero para que se concentrara.
En determinado momento, faltando unos 80 centímetros para terminar con una tabla, Giraldo sitió un tirón hacia la máquina y vio cómo los dedos pasaron volando frente a su cara.
No sintió nada, dijo. El asombro fue seguido por el chorro de sangre saliendo por la extremidad izquierda. Miró para todos lados y no hubo vehículo alguno que lo llevara, así que no tuvo otra opción que caminar hasta la sala de emergencia del hospital regional, donde fue atendido.
En primera instancia no fue atendido, ya que la prioridad la tenía una mujer macheteada. Ya para ese momento el dolor hacía presencia, así que a Giraldo no le quedó otra alternativa que sacarse el trapo que cubría la herida y mostró su mano a los médicos.
La hemorragia, producto del corte de los dedos (pulgar, índice y parte del medio) hizo que la sangre llamara la atención de los galenos, así que no perdieron tiempo y lo llevaron directo al quirófano. 
Al artesano le implantaron el dedo medio, pero a los 18 días, tras presentar muerte de los tejidos, debieron amputárselo definitivamente.
Dos meses duró el reposo. Santiago Giraldo dijo que en principio se apartó de sus amigos por evitar lástima, pero luego entendió que se trató de un percance y que la vida sigue.

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