En manos de una bola de cristal...

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Para todas estas preguntas hay una respuesta “eficaz”.

La señora “Elvira” (nombre protegido), a sus 85  años, siempre se jactaba  de leer sin lentes las letras de la Biblia. Eso hasta que una mañana aciaga los ojos se le nublaron y solo le sirvieron nada más que para llorar. Y para dormir.
Sin hallar explicación científica a tal calamidad, sus hijos llegaron a la conclusión de que le habían “hecho daño”, ya que, ese mismo día, debajo de su cama, encontraron un sapo con los ojos cosidos, agonizante.
William Flores era un comerciante cuencano que, en el devenir del tiempo, hizo buenos negocios.
El éxito, según quienes trabajaron con él, como Pablo Herrera, era que, antes de salir a trabajar, se echaba una loción que no se disipaba casi en 72 horas.
Cada cierto tiempo, Flores emprendía viaje hasta Santo Domingo para volver “fortalecido”. En lo que sí el agua perfumada no le dio resultados fue en su hogar, pues a este no lo separó la muerte sino una tercera persona que, seguramente, usaba una loción más poderosa que la suya.
Lo acontecido con estas personas -una en Portoviejo y otra en Cuenca-, sucede a diario y a todo nivel.
 
Ah, el amor. Ángel de Amor -Luis Miguel Gómez- puede parecer cualquier cosa, menos síquico, como él se denomina, pues más parece un cantante de hip hop o tecnomerengue.
Pese a ello, es uno de los más consultados por decenas de personas a diario -tiene más de 7 mil contactos de WhatsApp en su celular-, de todas partes del país.
Sin rodeos, claro y directo, afirma que “el mayor problema que tiene Manabí es el amor”, pues esos son los casos que más atiende.
“Yo no curo enfermedades de Dios, como el cáncer, o problemas como la eyaculación precoz, pero sí trabajo con las cartas del tarot, que en un 90 % dicen la verdad sobre el presente, el pasado y el futuro”, cuenta Ángel de Amor, quien tiene instrucciones para el “florecimiento” del cuerpo y de la mente.
Aconseja verter, sobre tres flores amarillas, una gota de miel y otra de limón, lo cual se pone a macerar durante un día. Se le agregan 5 litros de agua y con eso la persona se baña y queda lista, “a prueba de cachos”.
El caso más tenaz que le cupo solucionar fue el de un hombre de Portoviejo que tenía amores con dos hermanas. Durante seis meses tuvo que batallar con él hasta que logró que se quedara con una de ellas.
 
El tercer ojo. Gracias al “fuego sagrado” de los indígenas mexicanos, Shirley Barahona cuenta que su “tercer chacra, mi tercer ojo, se me abrió, y desde entonces leo las cartas”.
Asegura que, en el 2011, fue contactada por directivos del Barcelona -Luis Noboa- para que le hiciera una limpia al Estadio Monumental. Al siguiente año, en el 2012, el equipo quedó campeón. Pocos se enteraron de que ella había mandado a algunos hinchas a poner amuletos en los arcos del estadio.
Barahona cuenta que su clarividencia ha llegado a tal nivel que, a veces, ya no necesita de las cartas para poder predecir el futuro.
Cierto o no, antes de acudir a ellos, se aconseja primero no revisar el horóscopo sino la billetera, ya que ninguno de ellos trabaja gratis.

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