Lula seguirá en investigación

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 El expresidente, considerado líder más carismático en la historia de Brasil, permanece en una celda especial y aislada de los demás presos en la cárcel de la sede de la Policía Federal de Curitiba. Sin embargo,  aún tiene abiertas varias investigaciones en su contra.

Según la agencia EFE, además de ser condenado a 12 años de prisión por corrupción y lavado de activos, Lula está imputado en otros seis casos, en su mayoría por el escándalo de la petrolera estatal Petrobras.
La Fiscalía también investiga otras dos denuncias contra el expresidente que igualmente pueden convertirse en nuevos procesos, en una de las cuales es acusado de liderar una “organización criminal” montada por el Partido de los Trabajadores (PT) para beneficiarse de contratos públicos.
 
Primera noche. Lula da Silva durmió tranquilo en su primera noche en la celda en la que fue recluido y pasó gran parte del tiempo acompañado por uno de sus abogados, informó el Partido de los Trabajadores (PT) en un comunicado.
“Él durmió tranquilo y no fue maltratado por los agentes del lugar. Permanece sereno y tranquilo”, según la nota divulgada por el “comité popular” que el PT montó en las inmediaciones de la sede de la Superintendencia de la Policía Federal en Curitiba. De acuerdo con la nota, el abogado Cristiano Zanin, uno de los miembros de su equipo de defensa, lo acompañó durante un largo período en la celda antes de tener que abandonar la edificación, la misma que ayer amaneció rodeada de agentes de las fuerzas de seguridad.
En uno de los extremos del perímetro, decenas de simpatizantes y militantes del exmandatario levantaron un pequeño campamento para defender a su líder, el mismo que ha sido denominado “Lula libre”.
Allí, los seguidores de Lula duermen, cocinan y comen, siempre al pendiente de lo que ocure en la zona. 
El ingreso de Lula a prisión estuvo marcado por los incidentes que se produjeron cuando aterrizó en el helipuerto de la sede policial y explotaron dos supuestos petardos en medio de la concentración de los seguidores de Lula, según la versión de la Policía.
Ante este hecho, la Policía Federal, que estaba apostada en el interior del local, reaccionó inmediatamente lanzando gases lacrimógenos y balas de goma que obligaron a la militancia del PT a dispersarse en medio de una gran confusión.
En total hubo nueve heridos, entre ellos una niña y un policía, y varios tuvieron que ser trasladados al hospital.
Entre los seguidores de Lula había profesionales de los medios de comunicación que también sufrieron las consecuencias de la acción policial.
En paralelo, un juez brasileño prohibió además en la víspera protestas y acampadas en los aledaños de la sede de la Policía Federal de Curitiba.

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